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Por supuesto, todos exagerábamos. Ellos porque su invento, fuera cual fuese, de ningún modo podía cambiar las vidas de todos los humanos o, en sus palabras, “el curso del universo y todo lo que hay en él”. Algo de código genético, no sé. Los monjes Merses traficaban con animales, eso sí lo sabía, y el emperador Paago los odiaba a muerte. Sólo por eso me equivocaba al ayudarles.
Y sólo por eso deseaba hacerlo.

Leer el textoRumbo roto I

En las frías noches del invierno ruso Anna y Elena tenían el mismo sueño. Era el sueño de muchas, pero ambas sabían que quizá, para ellas, algún día, sería posible. Las dos eran bailarinas de ballet y habían pasado su infancia y adolescencia en eternas clases imaginando que bailaban en el teatro Mikhailovsky de San Petersbugo -o quizá en el Bolshoi moscovita- como sólo los más grandes del mundo lo habían hecho alguna vez.

Leer el textoAnna y Elena (la liebre y la tortuga)

Luces apagadas se entremezclan en el ensordecedor desafío del instante en el que entro en la sala. Es ensordecedor sin ruido. Es ensordecedor por las luces poblando la habitación. No sólo ciegan: aturden, acallan, te vuelven mudo y ciego y sordo. Tenía razón Leticia cuando me aconsejó que no fuera. Más que aconsejar me ordenó que no lo hiciera: “No vayas”, me dijo, a medio camino entre la súplica y el ultimatum. “No vayas”.

Leer el textoLuces apagadas

Bastian Theisen no entendía de libros ni de autores. No sabía de letras ni de géneros. No comprendía tampoco que alguien pudiera disfrutar con una lectura, mucho menos hablando sobre una lectura. Las palabras no eran nada. No valían nada. No servían para nada. Tantas ideas, tanta imaginación, ¿para qué? Lo real era lo material. Lo real era lo físico. Lo real era la violencia.

Leer el textoY con mi hacha

Dirigió una última mirada al grupo, algunos de cuyos integrantes le respondieron con un “hasta luego” y algún “suerte”, y reservó su saludo con la mano para Lucas, que la miraba entre solemne y risueño, consciente de lo que había pasado en un instante. Magdalena dio media vuelta y echó a andar hacia la salida con el bolso de Prada en la mano, mientras a su espalda escuchaba cómo el moderador recuperaba al grupo.

Leer el textoSiempre hemos vivido en un diamante

El cazador intergaláctico Martn no le tenía miedo a las supersticiones. Era sólo un planeta inhabitado más, tan cerca de la frontera y tan lejos de los núcleos de actividad humana que nadie le prestaba atención. Pero para los cazadores como Martn el territorio virgen e inexplorado era un sueño convertido en realidad.

Leer el textoMartn, el cazador

Sintió el miedo vertebrándose en su interior como si se tratara de agua rellenando el hueco de un árbol. La aprensión que la embargaba estaba más que justificada: otras veces había perdido de vista a su retoño, pero nunca tanto tiempo. El Que Corre De Espaldas había nacido apenas doscientos soles atrás.

Leer el textoEl Que Corre De Espaldas

No dejé de intentarlo por mucho que me costara cada una de las pruebas. Dios me había dicho que tenía el don, que podría hacerlo, que no podía ser tan difícil, que otros antes que yo lo habían conseguido. La historia de la humanidad estaba plagada de monjes que lo habían logrado y de personas que lo habían soñado.

Leer el textoElevado

El 19 de enero Marcos subió a su tejado. Había venido a convertirse en una costumbre aunque él no lo hubiera reconocido jamás, si le hubieran preguntado, ante nadie. Sus hormonas de adolescente sentían de vez en cuando, en forma de vaga conciencia remolona, que aquello no estaba bien.

Leer el textoTu cuerpo me salvó la vida

El dieciocho de enero de 2016 Carlos Belmonte, de los Belmonte de Cuenca, llegó a la cima del monte Jyen Hie. Arrastrando los pies entumecidos por la nieve, con un último esfuerzo se dejó caer ante el pórtico del templo de los monjes a los que los locales llamaban Tigres Blancos.

Leer el textoIluminarse