Limitaciones (mis que no sus)

No poseer la fugacidad de un segundo para relajarme, aunque sólo fuera por la incapacidad de tener sentido del humor cuando estoy estresado. Las lecturas demasiado rápidas de textos fundamentales, llegar tarde al curro, tener la cabeza en otro planeta, no ocuparme de las tareas diarias, descubrir una personalidad múltiple tras la candidez de Sofía (no me dijo que era puta pero sobre todo no me dijo que era esquizofrénica), comprender mis errores, empecinarme en lo estúpido y darme de cabezazos contra un muro, los ataques de nervios que nunca fueron conmigo, los ataques de furia que siempre surgieron de la nada al pincharme el alma, abrir tapas de muebles que me perjudican más a mí que a otros pero que ya sé dónde duele, no poder reírme de mí mismo en periodos de agotamiento, perder capacidad de liderazgo a medida que las luchas se alargan, perder la cabeza, estar hasta el moño de todo, no haber tenido vacaciones este año ni el anterior, dejar todo para última hora, tomarme las cosas demasiado en serio como si importaran, perder el tiempo en nada útil, tener tanto que decir sobre Bourdieu, Baudrillard y los parques de atracciones con montaña rusa incluida.

Es un problema de tiempo pero no porque no tenga tiempo libre, sino la clase de tiempo que permite asentar las emociones y encajar las ideas, al desconectar de todo aunque sea un segundo.

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