Tres ideas con los músculos por cerebro

Haciendo ejercicio es cuando más libres vuelan las neuronas, mientras el cuerpo se concentra en las rutinas y nada te preocupa salvo el cansancio y el dolor. Valgan tres ideas al vuelo a modo de post.

Distribución geográfica y habilidades

Es curioso comprobar cómo los individuos se sitúan ocupando el espacio en función de sus talentos, habilidades y características. Todo estudiante sabe que los empollones se sientan en primera fila, los rebeldes en las últimas. Parece haber una designación física en correlación al desempeño intelectual. Pero es así también en otros ámbitos. En clase de spinning, por ejemplo, hay cuatro filas de bicis. Aquellos que llevan tiempo haciendo ejercicio, están en forma y aguantan el ritmo, escogen las bicis más cercanas a la profesora. Quienes son novatos, les sobran kilos o son conscientes de su incapacidad para hacer al 100% una clase completa, se sientan en las últimas. No me pregunten por qué. Es así. En el instituto o la universidad tiene su lógica -uno no quiere que le vean mirando por la ventana pasando del tema mientras que si sabe todas las respuestas quiere que el profesor se de cuenta-, pero en el gimnasio no parece haber un motivo claro. A la monitora le da igual que aguantes o no, vas a entrenar y no a demostrar nada. Sin embargo, la distribución arbitraria se produce: yo empecé de novato en la última fila y hoy me siento en la primera. Repito, no me pregunten por qué: sólo voy al ritmo de los que ocupan esa fila, a quien nadie les ordenó que se situaran allí.

Avances en los diminutos asuntos

Como cuando estás pedaleando con un 50% de escalada y piensas que la cinta debe estar suelta porque no notas resistencia. Pero no está suelta.

El agotamiento físico completo no existe

Valdano tenía una teoría que solía explicar a sus jugadores en el vestuario en la que aseguraba que nunca se está completamente cansado físicamente, que es todo psicológico. Contaba el ejemplo del padre de familia que lleva días prácticamente sin dormir, ha madrugado ese día, ha estado trabajando sin parar en, pongamos, una obra, y no puede con su alma; le duelen todos los músculos y se cae rendido nada más entrar en casa. Pero, de repente, se produce un incendio en su hogar; y el hombre sube corriendo las escaleras, coge en brazos a sus hijos, arrastra a su mujer que ha perdido el conocimiento, y les saca de la casa en vilo sin recordar que no podía dar ni un paso más. Valdano trataba de dar a entender la importancia de la motivación y el ánimo en la competición física.

Y tenía razón. Es sorprendente cuánto puede cambiar el dolor físico y el agotamiento corporal en función de los estímulos externos y de la situación. Cuanto te das largas sesiones de fitness a tope hay un momento en la segunda hora, o en la tercera, en que ya no puedes más; nadie puede eternamente: sencillamente los músculos no dan más de sí por muy en forma que estés. Pero, ay, cómo cambia en un instante la fuerza que imprimes a las piernas o la intensidad que ejerces con los brazos cuando empieza a sonar un tema musical que te gusta o conoces bien, sin importar que dos segundos antes no pudieras más. Y cómo varía la velocidad que describes y la rapidez de los movimientos cuando la profesora se da cuenta de que ya no puedes con tu alma y te da ánimos con una frase del tipo “venga, Adrián, que tú esto lo aguantas”. Pneuma y soma no son realidades separadas, sino que forman un todo imbricado.

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