Aire, libertad y ruido

Y el aire es libre.
Lo es.
Lo es.
Lo es, aunque lo niegues.
Aunque jures y perjures en tu tumba de silencios
que el aire vive en cautiverio
y en las mañas del dolor y la miseria
y en los antros de pudor y sufrimiento
y en la desesperanza
y en el ruido
sobre todo en el ruido,
aunque prometas y convenzas,
no es así.
No es así.
No es así en absoluto,
y el aire que respiro es libre siempre
para viajar de cuerpo a cuerpo,
de boca en boca,
y plantarse en el recuerdo, en tu memoria,
envolviéndote en un vórtice de vida
que borre con frescor todo barrote
y el dolor y la miseria
y el pudor y el sufrimiento
y la desesperanza
y el ruido.
Sobre todo, el ruido.

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