Anna y Elena (la liebre y la tortuga)

«Anna y Elena» es un relato breve escrito para un encuentro de escritores Ciervo Blanco Club del Libro cuyo objetivo era un cuento de 300 palabras basado en un cuento clásico. «Anna y Elena» es mi versión moderna y rusa de «La liebre y la tortuga».

En las frías noches del invierno ruso Anna y Elena tenían el mismo sueño. Era el sueño de muchas, pero ambas sabían que quizá, para ellas, algún día, sería posible. Las dos eran bailarinas de ballet y habían pasado su infancia y adolescencia en eternas clases imaginando que bailaban en el teatro Mikhailovsky de San Petersbugo -o quizá en el Bolshoi moscovita- como sólo los más grandes del mundo lo habían hecho alguna vez.

Su grupo de amigas bailarinas no cupo en sí de gozo al enterarse de que tanto Anna como Elena habían sido seleccionadas para una prueba ante el mismísimo Nacho Duato en San Petersburgo para bailar a Tchaikovsky en el Mikhailovsky. Era su sueño, más cerca que nunca.

Pero sólo se convocaba una plaza. Sólo una de ellas sería seleccionada.

-Te apuesto lo que quieras a que seré yo -le dijo Anna a Elena.

Y las demás compañeras del grupo asintieron. Todas sabían que Anna era la mejor bailarina de Moscú. Tenía un don natural y hasta el físico, alta, guapa y esbelta como ninguna otra, la acompañaba para el ballet. Un talento innato para bailar. Talento era lo que no tenía Elena, morena y más bajita, que tardaba días en aprender correctamente un solo paso.
– Y yo te apuesto -respondió Elena- que me cogerán a mí.

Todas rieron porque sabían que era imposible, pero Anna y Elena se miraron desafiantes a los ojos y se estrecharon las manos en un pacto de competitividad. La prueba tendría lugar en tres meses.

Elena practicó y practicó. Por las tardes tomó un segundo trabajo para costear los gastos de clases particulares de ballet extra. Comió sano y entrenó a diario, hasta que le dolían los músculos de las piernas y los dedos de los pies.

Anna sabía que nadie podía bailar mejor que ella, así que en estos meses salió de fiesta y bebió vodka hasta hartarse, tonteó con todos los chicos que encontró perdiendo el sueño por las noches, y el día antes de la prueba, confiada, salió hasta tarde y cenó copiosamente.

Se quedó dormida y llegó tarde a la prueba, pero no importaba, era la mejor. Falló algunos pasos, estaba dispersa, y aún así sabía que bailaba más bello que ninguna otra.

Hasta que, horrorizada, vio bailar a Elena con una maestría inapelable, marcando cada movimiento con perfección angelical, y oyó a Nacho Duato aplaudirla sólo a ella. Días después se anunció que Elena Yurikova había sido seleccionada para el gran ballet, y Anna lloró por haber perdido.
Y así fue cómo la liebre se quedó dormida y la tortuga, laboriosa, lenta pero segura, alcanzó la meta en Rusia.

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