Bueno, vale

He de contarte por pasos.

 

En la primera, no estás.

 

Vaya. Bueno, vale.

 

Pero acaso te sienta ya crecer

allí donde no fuera posible:

desde lo muerto hacia la vivo,

desde lo que nunca fue hacia lo que podría ser.

 

Así que compruebo de nuevo la pizarra:

en la segunda, tampoco estás.

 

Vaya. Vale. Bueno.

 

No queda más que mi anzuelo,

te llevaste el cebo

y todas las flores que juré regalarte.

No queda más que un marcador

en el que siempre pierdo;

no importa cuántos puntos gane,

me descalifican al final.

 

Y en la pérdida infinita, desmarcado,

como perdiéndote de vista

en un campo de trigo,

en el que estoy perdido,

consulto por penúltima vez

lo que escribiste antes de irte en la pizarra.

 

En la tercera, estás.

Claro que estás.

Pero es la ausencia de ti.

Es sólo tu sombra, tu susurro, tu nada,

cuando todos los tallos han muerto

y los brotes se han rendido

y hemos perdido las flores.

 

Vaya. Bueno. Vale.

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