Categoría: Escritura Ciervo Blanco

Aterrizo en la desventura de tu nombre, de tu familia y de tu casa, que es tanto como decir que me enredo en abolengos y noblezas y riqueza que mi apelligo nunca tuvo. Sois magistrales, vosotros. Mis suegros, mis cuñados, tu familia. Tan engalanados siempre, envueltos en dinero, tan rancios en todos los sentidos que a veces me parece que pudiérais pudriros entre billetes y títulos.

Pues me hallaba yo en el poblao de cachondeo
intercambiando con mozas algún que otro jadeo
cuando me interrumpió el druida de la tribu el bailoteo
y me mandaron llamar los guerreros pa’l politiqueo.

Hay que ser desaprensiva y egoísta, mira que querer hacer huelga. Estos radicales sólo piensan en sí mismos. Que la han convocado los sindicatos y está autorizada por el gobierno, dice. Y a mí qué. Es mi empleada, trabaja para mí. Si quiere reivindicar gilipolleces que lo haga en su tiempo libre.

Experto en llorar y no entender. Mención de honor en romper cosas con alto hincapié en destrozar zapatos. Experiencia sacando buenas notas. Adjunto referencias.

No he querido saber, pero he sabido que uno de los ciervos, aquel al que llamábamos Elaphus, cuando ya no era cervatillo y no hacía mucho que había regresado de su última incursión hacia el bosque, entró en el refugio de la montaña, se plantó ante su padre, un ciervo anciano ya, agachó la cabeza y arremetió con la cornamenta violentamente sin previo aviso, mientras su progenitor, lento de reflejos, sentía cómo se le clavaba el hueso de los cuernos de su hijo hasta atravesarle el corazón, literal y figuradamente.

¡Diez años! ¡Diez años llevaba combatiendo el mal en su equipo! Enfrentándome a villanos pérfidos, salvando el mundo, mejorando la vida de los humanos de este planeta, aunque no se lo merezcan. ¡Y así me lo agradece!

El último chute fue el mejor de todos. Su hada madrina se lo había concedido. O quizá había sido un billete de veinte. Pero lo estaba disfrutando. En su viaje, en el interior de la maleta donde todo estaba oscuro y al mismo tiempo todo estaba iluminado, era feliz.

Inevitable. Puede que ahora tuviera que intervenir la policía y quizá acabaran en la cárcel o algo, pero a todos nos había parecido bien amordazarla, y se lo merecía por pesada.