Categoría: Escritura Ciervo Blanco

El mundo se estaba muriendo. Estaba podrido en sus raíces desde mucho antes de que Lucía naciera. Algunas voces discordantes habían dado la voz de alarma en los albores del fin, pero los intereses creados y el beneficio economico inmediato habían superado con creces al sentido común.

Ignacio Jenusa siempre se había sentido un fracasado. Por dentro, carcomiéndole, la idea de que jamás triunfaría como vendedor. Su padre había sido vendedor, y su abuelo antes que él. Y el padre de su abuelo. Todos ellos grandes comerciales capaces de generar suntuosas sumas de dinero desde su tienda familiar: un bazar.

Qué suerte he tenido con Alejandro. Nunca había conocido a un chico como él, tan atractivo e inteligente al mismo tiempo, pero sobre todo tan interesado en mí, siempre atento a todo lo que hago y buscando conocerme mejor, saber más acerca de mi vida, mi pasado, mis pensamientos y mi día a día. Es verdadero amor.

Yo, que fui rey de reyes en las alturas de las montañas de Eusonda, y lideré a mi pueblo durante las hambrunas de la quinta era.

Yo, que he sido albatros de largas alas sobre las praderas de Almén, donde un vez vislumbré la gloria y caída de millares de mortales.

Todo está mal. La vida es una mierda. Mi vida es una mierda. Y la de mi hijo, que no aprueba ni una. Joder, él es lo que más quiero en este mundo y su vida es una mierda y lo seguirá siendo siempre porque ya ha repetido año dos veces y no se le dan bien los exámenes.

La perfección no era la meta, era el camino. Y el origen. Era el principio y el fin.

El detalle. La corrección más pura en lo esencial y en lo superfluo.