Categoría: Meditaciones

Las personas cambiamos. A mejor o a peor, cambiamos. Dando bandazos, tal vez, perdidos sin rumbo o con una meta clara, cambiamos. ¿No creéis? ¿No os parece que vuestra vida no es la misma que hace unos años? ¿Pensáis acaso que vuestra personalidad y vuestro mundo son algo estático? Pues no lo es. Cambiáis. Cambiamos.

De entre todas las gilipolleces que se han dicho tras los atentados de París, la viñeta que pongo al final es de lo poco con sentido que he leído. Unos tarados matan por la religión y la reacción es ser más religiosos los demás. Es de locos. Lo que necesitamos es más secularización, no rezar más.

Tras los atentados en París de ayer, no está de más recordar hoy el daño del pensamiento religioso en nuestras sociedades modernas, a varios niveles. Recomiendo encarecidamente el ensayo de Sam Harris «El fin de la fe»; especialmente inquietante el capítulo dedicado al islam. En general, y como señalara Hitchens, «Dios no es bueno». Es decir, las religiones son una lacra.

Una línea muy fina divide el bien del mal. Habría que empezar, por cierto, a definir qué es el bien, y qué el mal. Habría que empezar por trazar una línea, si es que pudiera trazarse una. Conceptos tan vagos como la maldad y la bondad cambian no sólo de persona en persona si no también, y por supuesto, de cultura en cultura, de época en época, e incluso de situación en situación. Que tú hoy piensas que esto es malo y tú en Egipto hace dos mil años hubieras pensado que es bueno.

Ir a la guerra desarmados no tiene mucho sentido. Presentarse así, en la batalla, sin nada que ofrecer, sin nada que dar, sin nada con lo que dar. Pues no. Hay que buscarse una buena espada. Una de esas de ancho mandoble que abra las cabezas como si fuera fruta. Y acaso un escudo. Uno fuerte y grande que pare todas las estocadas y evite que ningún daño nos alcance.

Fernando García-Selgas, de quien guardo un grato recuerdo de sus clases en la facultad y de un seminario sobre Wittgenstein del que saqué algo más que conocimiento, formula una teoría de la fluidez social en la que se permite la audacia de plantear un modelo alternativo a los tradicionales sustancialista y formalista y que guarda relación con los planteamientos que Haraway, entre otros, formulara en su modelo relacional-material de comprensión de lo social:

En mitad de ninguna parte, en algún punto entre Gandía y su playa, está Los Caracoles. Es el lugar donde escapar cuando hay que huir, el rincón desde el que desconectar -de una vez por todas y para siempre- alejado del mundanal ruido. Es también motor de vida y de viejos conocidos, de cervezas y rayas, de conversaciones que recuerdas años después, de alguna chica que prefieres olvidar, de algún local al que siempre vuelves. De alguna historia que contar.

Veo a decenas de personas al día buscando trabajo. Muchas de ellas añaden un “lo necesito” y en ocasiones cuentan sus penas, su situación, su “necesidad” del trabajo. Y quieres dárselo, pero no te conmueven. De algún modo, dan pena adrede; pretenden hacerte sentir lástima, convencerte, hacer que quieras ayudarlos.

Religions produce many different effects in people. It depends on how the person’s brain is, but also in which kind of religion it is. While the nocive effects of religion in general have been well document through history, it is also true that different schemes of believes create different attitudes and actions. Islam, as it is right now, is a dangerous religion.

Una de mis primeras discusiones con Mo, que ni siquiera fue una discusión porque no perdimos los papeles y sólo sostuvimos puntos de vista divergentes sin llegar a coincidir en lo que creíamos, fue sobre los efectos de la depilación con cuchilla sobre el pelo, tanto en hombres como mujeres.