Categoría: Meditaciones

En ocasiones se siente tan flamante el calor sofocador de nuestras vidas que acaso en un instante de comprensión esperpéntica se diluye inmenso el frío acumulado de años de sufrimiento. Y a la inversa. Y es curioso que pueda trastocarse tan rápido el sentido de toda una existencia por un estado de ánimo fugaz o un suceso aislado.

De entre todas, tenía que ser el punto y coma. El punto y coma es sagrado; el punto y coma lo inventé yo; el punto y coma es lo mejor que le puede pasar a un texto. De entre todas las posibles, tenía que ser el punto y coma. Hay cosas que no se perdonan.

Fernando García-Selgas, de quien guardo un grato recuerdo de sus clases en la facultad y de un seminario sobre Wittgenstein del que saqué algo más que conocimiento, formula una teoría de la fluidez social en la que se permite la audacia de plantear un modelo alternativo a los tradicionales sustancialista y formalista y que guarda relación con los planteamientos que Haraway, entre otros, formulara en su modelo relacional-material de comprensión de lo social:

Hay una pausa eventual en toda lucha prolongada, un lapso efímero para la reflexión celérica y la duda inmediata, un respirar jadeante de recuperación interna y una reconsideración privada de la guerra acontecida y por seguir que implica evaluar en un amago de instante la complejidad inmensa de lo inabarcable, de lo incomprensible y de lo ignoto.

El caso del grupo musical “Barcelona”, cuya música a mí particularmente no me convence, es uno de esos que molestan profundamente a las multinacionales discográficas y a las entidades de gestión de derechos de autor, porque va en contra de todo lo que postulan.

En las embajadas de las emociones pocas veces hay tiempo para la tregua. Quiero decir, es como un reducto en un país ajeno. Una pequeña aldea gala rodeada del corazón de otra persona. No me explico bien.

Enciende el fuego que todos van a ver. Luce indómito con la desgarradora fuerza que siempre tuviste. Crece intenso como llamas en la noche, destacando luminosas sobre el fondo torpe oscuro de quienes nunca llegarán a la altura de tus ojos. Brilla incandescente intensamente más allá de todo aquello que muera por debajo de tus pies.

En el agitado pesar y gozo de mis dudas y certezas, donde nada está claro y en ocasiones cristalino, quizá la única guía -la única brújula- que pueda ser firme indicación del sendero a seguir, de un norte que conduzca a una vida mejor, a una felicidad mejor, sea el respeto a uno mismo. A lo que uno es, o a lo que uno podría llegar a ser. Porque somos de colores. Y en ese campo, en el de respetarse, cosas maravillosas comienzan a suceder. Por todas partes.