Dentro

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Sabes que existe aunque no puedas verlo. Sabes que está ahí aunque nadie más lo sepa. Puedes sentirlo. Por dentro, urgándote. Reptando, deslizándose. Lo notas dentro de tu cuerpo. A veces sientes un picor en el brazo y miras y un pequeño bulto se desplaza bajo la piel, despacio. Y te rascas hasta hacerte herida. A veces lo notas más profundo, moviéndose en las paredes del estómago, deslizándose a través del intestino. A veces percibes que se mueve en el útero, recorriendo tu interior. En ocasiones sabes que está debajo de la piel de la cara, y corres al espejo, y te miras y lo buscas mientras lloras rezando para que salga de tu cuerpo en una lágrima. Pero no desaparece, y te duele la cabeza, y sabes que está dentro. A veces lo notas en los pechos como pequeños bultos cancerígenos que, sin embargo, se mueven, se desplazan. Y te golpeas. Te golpeas a ti misma. Muy fuerte, pero sigue ahí. Más fuerte, cada vez más fuerte, por matarlo, pero no lo matas. Si te desgarras la piel se esconde en lo profundo de tu cuerpo. Si te golpeas las sienes, desaparece en el interior de la cabeza protegido por el cráneo. Y repta en tu interior. Notas su picor. No importa lo que diga el médico, lo que no vean los demás. Sólo tú lo sientes por debajo de la piel, sólo tú lo ves en bultos en la carne. Sólo tú lo notas dentro de ti. Muy dentro, a veces. Otras, más en la superficie, moviéndose.

Hoy lo has sentido en los ojos, casi en el exterior. Como si pudieras sacarlo con otra lágrima, quizá. Como si pudieras arrancártelo sacándote los ojos. Sacarte los ojos a ti misma quizá con un cuchillo. Y vas a la cocina. Lo notas, está dentro de ti.

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