En la vida y en la guerra

Ir a la guerra desarmados no tiene mucho sentido. Presentarse así, en la batalla, sin nada que ofrecer, sin nada que dar, sin nada con lo que dar. Pues no. Hay que buscarse una buena espada. Una de esas de ancho mandoble que abra las cabezas como si fueran fruta. Y acaso un escudo. Uno fuerte y grande que detenga todas las estocadas y evite que ningún daño nos alcance.

Y, por supuesto, hay que saber manejar ambos. ¿De qué te sirve la espada más afilada del mundo si no puedes usarla? Igual hasta te haces daño a ti mismo, o cortas al que no es.

No, no. Una espada adecuada, con el saber hacer adecuado. Eso es lo que te hace falta en el mundo, y en una batalla. Y un escudo con flamantes reflejos para usarlo bien, porque nunca sabes por dónde van a caer las hostias, en la calle y en la guerra. En la vida y en la guerra.

En el amor.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta