Enemigos

Hace tiempo que vengo combatiendo en la clandestinidad contra seres diabólicos. Es una guerra infinita y una lucha a muerte por una causa perdida. Pero no me he rendido todavía. No se rinde un gallo salvo cuando está ya muerto. Lucho contra ellos, que están escondidos. Que viven latentes, pero viven al cabo; y nos aborrecen. Esta es una llamada de atención al común de los mortales, que ignoran su presencia.

Están escondidos. Nos observan sin que nosotros lo sepamos, agazapados en lugares donde saben que nunca serán encontrados. Y son malos. No existe otro adjetivo más adecuado para definir su esencia. Son malos, son malvados, son pérfidos, perversos. Y nos miran. Y nos estudian. Y nos odian. Viven en las sombras y nos odian.

Yo les descubrí hace ya años, y a veces pienso que quizá fuera mejor no haberles visto. Sé que hay otros que, como yo, conocen su existencia. Es la única razón que me permite creer que no estoy loco. Tal vez lo esté, quizá el hecho de ser capaz de verlos se deriva de un trastorno obsesivo compulsivo de la personalidad. En masa. No lo sé. Pero sí sé -lunático o no- que están ahí, que me miran fijamente, que analizan mi comportamiento y mis acciones, que investigan y examinan a los seres humanos. Y preparan la masacre.

Con el tiempo he llegado a comprender qué es lo que quieren de nosotros. Eliminarnos. Es tan sencillo que en determinados momentos incluso me resulta inverosímil. Quieren apoderarse de la tierra que pisamos, de los cinco continentes, de todo lo que los Hombres poseemos. Nos estudian en silencio y esperan con tranquilidad a que llegue la hora. Y cuando la hora llegue nada podrá salvarnos del exterminio, o eso creo. Mis valerosos hermanos aliados y yo, eso creemos.

Se me escapa su lugar de procedencia. Hemos llegado a barajar todas las posibilidades: experimentos gubernamentales que se han ido de las manos, una invasión a gran escala extraterrestre, una mutación espontánea de la naturaleza… No sé de dónde vienen. Pero sé lo que quieren, y no descansarán hasta conseguir lo que buscan.

He intentado hablar de esto con otras personas, les he explicado que es necesario actuar y que es necesario actuar ya, pero no me creen, me toman por loco, me tratan como a un chiflado más. Conozco el futuro de antemano, sé lo que pasará cuando ellos se muestren, y sin embargo nadie (salvo mis nobles, pero escasos, hermanos de batalla) se toma en serio mis advertencias, mis palabras. Creo que en psicología lo llaman síndrome de Casandra. Ojalá pudiera convencer a la humanidad de que todo lo que sé es cierto, de que intento salvar al planeta del apocalipsis, pero resulta imposible. Desde este blog organizaré un ejército, algún día, que pueda combatirlos. Hoy por hoy, nadie me cree.

Sin embargo hay otros que también les han visto, que conocen su presencia. Ellos tampoco duermen. Mis hermanos y yo nos mantenemos en lucha día y noche, al pie del cañón, contra los seres perversos que amenazan nuestros sueños. Ustedes, simples mortales, sepan únicamente que están escondidos. A veces se guarecen justo detrás de la espalda, donde no puede vérseles. Comprueben ahora mismo lo que hay detrás de ustedes. Mis hermanos y yo ya hemos oído gritos antes.

Esperanza. Fuerza. Hay una guerra que ganar.

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