Las cosas que eres pero no eres

De entre el manojo de aspectos, cualidades, hábitos y características que te describen, relucen a veces detalles y esencias que brillan precisamente por su ausencia aunque alguna vez hayan sido. Haz memoria. Quizá de pequeño no te gustaban los garbanzos y años después, cuando comes cocido con un placer papilar insospechado una vez cada quince días, tus familiares todavía te dicen: “claro, como a ti no te gustan los garbanzos…”. Claro que sí. Claro que te gustan. ¿Quién dice que no, por amor de Dios? Te encantan, los disfrutas desde hace mucho. Pero, para tu familia, todavía eres el Enemigo Público Nº1 de los garbanzos porque no lo han advertido. Por ejemplo.

Los seres humanos cambiamos y los demás no siempre se dan cuenta. En ocasiones ni siquiera tú mismo comprendes Lo Que Eres Pero No Eres hasta que un pinchazo reflexivo te lleva a darte cuenta, como cuando alguien con quien convives te dice: “no escribes nada de nada”, y tu primera reacción es decir “WTF, cómo que no, claro que escribo, claro que…”. Y anonadado te das cuenta de que llevas meses sin tocar un cuaderno ni cargar el procesador de textos. Escribes Pero No Escribes y ni te habías enterado.

Sucede a veces con características que te han definido durante mucho tiempo y que arrastras no sólo en los ojos de los demás sino en tu propia sesera, como por ejemplo “Soy Buen Estudiante” y un buen día muy de mañana te das cuenta de que te han quedado seis para septiembre y nada parece indicar que vayas a aprobarlas. Eso es un WTF como una casa y en el fondo te sigues considerando a ti mismo Un Buen Estudiante aunque Ya No Lo Seas.

Tampoco se reduce sólo a aquello que fueras en el pasado y perdieras por el camino, es también lo que te caracteriza por las Leyes de la Adicción, Extensión y Proyección: si te apuntas a un curso de aeromodelismo por definición te gustan los aviones y las maquetas, y quien sepa que acudes a esas clases pensará que así es, cuando en realidad quizá te apuntes por la cintura estrecha de la chica de las medias oscuras, o por ponerlo en un currículum, o porque adoras la comida originaria de Mongolia y por allí cerca está el único sitio que la sirve. Quizá ni siquiera te gustan las maquetas, ni el pegamento, ni nada. Es una imagen errónea sobre ti y, sin embargo, te caracteriza.

A veces, las Cosas Que Somos Pero No Somos surgen de algún lugar ignoto que no puedes rastrear. Sucede cuando la idea que alguien tiene de ti te sorprende por lo inadecuada o absurda: si te regalan por Navidad un jersey de rayas de color rojo y odias el rojo y las rayas y se supone que te conocen bien; si un colega te hace una pregunta del tipo “¿Qué jugador de waterpolo marcó el segundo tanto en la final del 86?” y respondes que no tienes ni puta idea y él añade “Joder, pues yo creía que te molaba de siempre el waterpolo” y no tienes ni la más remota noción de por qué cree que debería gustarte.

Son las Cosas Que Eres Pero No Eres, que también están ahí.

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