Magma

Era la campaña perfecta. La que se ajustaba mejor al target del producto, la que incluía todos los elementos que convertirían “Magma”, la nueva aunque tradicional birra de la cervecera asturiana del mismo nombre, en una bebida habitual en los bares de todo el mundo. El proyecto de Magma era enorme en ambición, pero con el marketing adecuado podía lograrse. Tras el éxito de la cerveza en los bares locales, la marca se había expandido por todo Asturias y empezaba a conocerse en el resto de España. Los directivos de Magma habían decidido, quizá con acierto, que era el momento de dar el salto y comercializar el producto en Europa y Latinoamérica.

Y ella, Carolina, como creativa senior de su firma, se había volcado en el proyecto. Le gustaba el sabor de aquella cerveza y le gustaba Asturias en general, y le pagarían bien por aquella campaña. Así que estudió a fondo los mercados, reflexionó sobre los resultados de los grupos de discusión, mantuvo una distancia objetiva respecto a las tendencias marcadas por los sondeos y, tras semanas de trabajo, obtuvo una imagen característica que adaptaría a todos los formatos (prensa, web, televisión): un chico joven, con barba de dos días, pelo revuelto, con mirada perdida, contemplando con tristeza el infinito en un bar oscuro. Detrás de él, una cerveza iluminada, brillante, que le prometía y le entregaría en bandeja todo lo que él deseaba. Era perfecta la idea: bastaba para el chico con volverse y empezar a beber Magma para ser feliz.

– No, no, no -dijo el dueño de la cervecera en la reunión de presentación de la campaña-, ¿pero esto qué es? Quiero más atractivo. Una rubia. Rubia y pechugona, con escote. Que a la gente le guste, llamativa. Como en Hollywood. ¿Y si por beber Magma se convierten en superhéroes y vuelan? Eso seguro que vende.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta