#parisisaboutlife

De entre todas las gilipolleces que se han dicho tras los atentados de París, la viñeta que pongo al final es de lo poco con sentido que he leído. Unos tarados matan por la religión y la reacción es ser más religiosos los demás. Es de locos. Lo que necesitamos es más secularización, no rezar más.

Sí, matan por la religión. Aunque todo hecho social debe ser multifactorialmente explicado (intervienen muchos factores en su causa), la religión es uno de los agentes nocivos de este fin de semana, como lo ha sido siempre. En este caso, es el problema. Es uno de los problemas. Lo que necesitamos es menos religión, no más.

Y, por desgracia, en un país como el nuestro, con uno de los índices de ateísmo más altos del mundo, la basura de #prayforparis, de epicentro norteamericano (un área con muchas zonas rurales, con una evolución histórica que ha llevado a su población a ser muy creyente incluso en nuestros días) y base de propagación aparatosamente sudamericana (zonas depauperizadas con acceso limitado al capital cultural, por tanto muy religiosas), también se ha extendido por Europa. Menos, por fortuna, y todavía.

Es como gritar: «¡Mi mito es mejor que el tuyo! ¿Tú matas por tu hada mágica en el cielo? ¡Pues yo voy a rezar más a mi hada!». Es un sinsentido, y nos empobrece a todos como humanos. Que ninguno de ellos, ni los de aquí ni los de allí ni los de allá, se den cuenta de que si hubieran nacido unos metros a un lado, o en otra época, creerían a pie juntillas en otra deidad distinta, con todos sus detalles, y haciendo otras burradas en su nombre…

Para evitar estas masacres no hace falta más religión, hace falta más secularización. La religión es el problema. A todos los niveles: la religión «moderada» de creyentes que no ponen bombas y hacen su día a día es el caldo de cultivo para los radicalismos religiosos. Sin ellos, sin los moderados que creen que hay seres sobrenaturales en las nubes, la infiltración de la religión en nuestras instituciones sociales y nucleos familiales o grupos de pares sería mínima, y se cortarían de raíz los conflicitos de carácter religioso y, en general, las barbaries de la religión -incluyendo las burradas de las religiones más occidentales, como su posición respecto a la mujer en la jerarquía social, la discriminación por orientación sexual, etcétera-.

En resumen, rezar sólo empeora la situación. Ningún ser sobrenatural inexistente va a arreglar nada. La viñeta de abajo es de Joann Sfar, dibujante de la publicación CHARLIE HEBDO. Charlie Hebdo sufrió un ataque similar y Joann, con una claridad europea loable, lo explica de forma emocional: «no necesitamos más religión». Rezar por París es precisamente el problema.

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