Rezo todos los días

Y rezo todos los días. Todos los días rezo. Un poco por las mañanas, a veces entre horas, siempre por la noche. Temerosa de Dios soy, y espero su mano prodigiosa sobre mí. Que son ya casi tres años con cáncer, y me queda poco de vida. Muy poco ya, me queda.

No resultó la acupuntura que intenté al principio, para los dolores. Me fueron a más. La homeopatía tampoco fue mano de santo, como me prometían mis amistades, así que acudí a un curandero de verdad. Uno en Toledo, que decían que era muy bueno en internet. Al principio creí que sí, pero resultó que no, que el cáncer crecía. Luego visité a la Vírgen de Guadalupe, pero ya durante el viaje y la visita los estertores casi no me permitían moverme. Metástasis avanzada, decían los médicos, y lo clasificaban con palitos romanos y letras. Qué sabrían ellos. Leí entonces que un círculo en Madrid curaba con energía cuántica. El Círculo, se llamaban a sí mismos, y cobraban 600 euros por “conexión cuántica” para curar la enfermedad, o encontrar el amor. Me resultó bien las dos primeras veces, pero los doctores insistían en que el cáncer crecía y yo cada vez me encontraba peor. Pero estoy tranquila, porque todos los domingos voy a la Iglesia y rezo, Dios me tiene que ayudar. Una amiga de una amiga me recomendó también a un gurú en Bilbao que sanaba con meditación trascendental, así que le visité. Me pareció un gran profresional, sólo cobraba la voluntad -le di 50€ en la primera sesión- y curaba la enfermedad con la energía de la ciudad, en plena calle, y la vitalidad de lo que él llamaba “deporte meditativo”. Seguro que, ahora sí, el cáncer retrocede. Si no me cura él, lo hará Dios.

Todos los días rezo. Rezo todos los días.

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