Se lo merecían

 ( Relato redactado para el taller de escritura creativa Ciervo Blanco en Madrid del Club del Libro Ciervo Blanco )
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Habían sido desagradables con él.

Eso lo tenía muy claro. De entre el mar de dudas que le acompañaba invariablemente en su vida cotidiana, aquello le resultaba de una certeza imperecedera: habían sido desagradables con él.

Y se lo merecían.

“Si no se hace justicia”, decían los gitanos, “la hacemos nosotros”. Nada más cierto en el mundo. Aquella gente del metro había sido desagradable con él y a nadie parecía importarle. Bien, pues iba a hacer que les importara. A todos. Iban a sufrir el latigazo del karma instantáneo y saldría en las noticias, en los periódicos, en el puto Twitter. La gente lo comentaría por WhatsApp durante años. Aprenderían a no ser desagradables con los desconocidos en el metro.

No es que a los muertos les fuera a servir de mucho. Pero el mundo aprendería. El resto aprendería.

Y no había sido fácil. Conseguir los materiales no, al menos. Aprender a construirla era más sencillo. Había manuales detallados en Internet.

Había puesto tres bombas.

El mar de dudas no cesaba, pero aquello lo tenía muy claro: habían sido desagradables con él y cuando escucharan el estallido de las tres detonaciones, y murieran, lo entenderían. Y se arrepentirían aunque no fueran a tener tiempo de pedirle perdón.

Se lo merecían. Al fin y al cabo, coño, ponía en todas partes “dejen salir antes de entrar”. ¿Por qué coño, aquél día, la marabunta de gente había entrado sin dejarle salir primero, haciendo que tuviera que bajarse en la siguiente estación?

Se lo merecían.

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