Seis demiurgas

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Las tropas Tance habían barrido ya en el valle de Acastos las defensas blindadas, que resultaron funcionar peor que simples trampas para niños, y tras la caída de los muros de Gron Stalmar, con la división Magenta de los Seres de Luz en retirada al otro lado del mar de algas, nada impedía ya que el ejército Tance se alzara con el control de la capital, Acastos-Puna.

Acastos-Puna era la ciudad que nunca había sido vencida. A lo largo de la historia había sido asediada por los cañones de Orestes, maltratada por los Escuadras Siderales de quien por aquel entonces sólo era el coronel Paago, acosada por la burocracia de la Federación, pero nunca Acastos-Puna, la ciudad entre los mares, había sido conquistada.

Hoy ni siquiera el apoyo de los Seres de Luz, que mantenían su propia guerra con la maquinaria Tance y por tanto cualquier enemigo Tance era amigo suyo allá donde hubiera guerra, era suficiente. No era común ver a Seres de Luz clamar por sus vidas, con el sonido laser intersticial que indicaba batirse en retirada resonando a lo largo del campo de batalla, mientras los tambores de guerra Tance percutían insaciables cada vez más cerca, avanzando, arrasando el valle de Acastos tumbando las defensas blindadas como quien da patadas a castillos de naipes.

Eso era Acastos-Puna, la ciudad entre los mares, hoy: un castillo de naipes a punto de ser tumbado. Hasta que resurgieron las seis demiurgas del mar de Gron. Una leyenda, para algunos. Un imposible, para otros. Una realidad, para los habitantes de Acastos y para los Seres de Luz que lucharon en las murallas de Gron Stalmar aquel día. Lo que no podía ser, era: seis demiurgas se erigieron como último bastión de defensa de la ciudad asediada. En línea, conjugando su poder con extrañas posturas y gestos que los mortales no entendían, las demiurgas contuvieron el avance Tance y, batallón por batallón, fueron diezmando las tropas enemigas que  osaban acercarse a la nueva línea de defensa.

Para cuando el ejército de Acastos y la división Magenta de los Seres de Luz se hubieron reagrupado y regresado al campo de batalla, el imparable ejército Tance había sido parado, y las seis demiurgas habían desaparecido bajo el agua, de nuevo convertidas en leyenda.

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