Sortilegio para un crepúsculo insertado

No. Y en trozos sueltos de escritura partida se repite inmenso el… No lo recuerdo. ¿Cómo era? El… No parecía existir nunca ni terminarse jamás. Esguince, sí, también, pero no estoy hablando de eso. Es sólo que no recuerdo nada. Creo que te he olvidado incluso a ti, a quien juré que no olvidaría nunca. Tira el dado. Tíralo. No, pero qué haces. ¿Por qué miras? No importa el número. Sólo tíralo lejos. Más lejos. Que no vuelva. Bien. Amánsame.

Deja también de escuchar. Los ritmos se repiten, se entremezclan, confunden, agigantan y se crean. Calla. Escucha. Está sonando el son, está sonando un son, está sonando. Era… No lo recuerdo. Ya no recuerdo nada. Plagio. Quizá una dama imperial. Amánsame.

Rompe todos los pilares: no es una ciudad escarlata ni un hogar en llamas. Adoro la sensación de tener en cada oído una canción diferente. Unos colores. Creo que fue el general el que cerró todo ciclo. Si no fue él, fuiste tú. Si no fuiste tú, fue otro. Como si de controles de aduanas a medianoche se tratara, pero con más rabia. Con más besos. Es la hora del crepúsculo y del odio. De los gritos, de las rodillas cansadas, de las nubes vertidas. Amánsame.

Joder, cómo era. Me gustaba decirlo. Me gustaba que lo oyeras. Da igual. Nada suma más que cero. Y todavía no hay llanuras. No hay fugaz interruptor ni deambulo yo. Lo sé, calla, no hace falta que lo digas. Habrá otra audacia más patente. Seguro. Aunque no vuelva. Amánsame.

¿Has visto? Son llamas invernales en tiernos ademanes. Colirio en las pupilas, flamantes mensajes y altura condensada. Extensos. Se agitan tan valientes como vanos y generan poemas de versos inciertos, vespertinos, casi eternos. Amánsame.

Joder, casi lo tengo. Era algo así, pero mucho más sincero. Un fuck you all pero con más gancho. ¿No te acuerdas? Haz memoria. Hazla. Vamos. No empieces si no quieres pero hay en tu cabeza un avispero de luciérnagas en trémulos racimos escindidas. Para empezar, deja de meter los dedos en el enchufe. Luego vete: es una almohada en estado puro. ¿No lo intuyes? Está en cada palabra y en cada trilogía. Amánsame.

Se me acabó la audacia y sigo sin recordarlo. Estaba ahí, sucedió, fue. Lo has visto. Vale. Dime que lo has visto. Que no se trata de ti ni de ninguna nebulosa sino de la estación contigua. Lo sabrás. Sabes también que no me voy a ningún lado aunque no esté. Dios, acabo de recordarlo todo en este preciso instante. ¡Amánsame! Hazlo ya y de una puta vez. Amánsame porque no lo volveré a olvidar.

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