Step by step

Me gusta este gimnasio, me gustó desde el principio. El día que fui a matricularme era el primer día que abrían y estaba sin terminar. Todavía lo está: no hay agua caliente ni calefacción. Pero aquel día parecía en ruinas: faltaban las barandillas de las escaleras, pintura en las paredes, cristaleras en las salas y restos de la obra inacabada se desperdiciaban por doquier. Me gustó al instante: tenía ese aire fresco que sólo tienen las cosas que están naciendo.

Lo veo cambiar cada día con algo nuevo y conserva todavía la euforia de los comienzos y de las formaciones, la urgencia de lo que empieza sin rastro de anquilosamiento o entropía. Se desprende de las máquinas, las esquinas, los techos y la gente: algo está naciendo y lo estás viendo crecer. Cada día es más completo, más firme. Más parecido a lo inicialmente concebido.

El tiempo todo lo estropea. En los edificios, en la vida. Dicen que lo bueno, si breve… Cuando algo se prolonga demasiado pierde su naturaleza, aquella con la que nació. Pierde esencia, se enreda, se estropea. Se desgasta la fuerza inicial, se consume lo que le caracteriza, se cancela el impulso. El tiempo vital de todo lo que nace es limitado; luego se anquilosa y perece.

Por eso a veces te apetece que lo que está naciendo esté naciendo siempre. Que no se alargue hasta el paroxismo. Que su deambular en el mundo sea intenso y vivaz, que no se malgaste. Que fluya siempre con la poderosa fuerza de la juventud. Que siempre haya algo nuevo. Que no se estabilice, que no se estacione, que no se encalle. Que vuele como si acabara de ser creado.

Mientras subo y bajo de un cacho de plástico en una clase de Step pienso en el lento transcurrir de la vida en los pueblos, en comparación con la de las grandes urbes. Aquí todo es melancólico y sedante, soporífero y tranquilo. Todo fluye con una calma exasperante porque no hay nada que hacer: no hay actividades, centros de ocio, espacios culturales, lugares diferentes, gente distinta. Gente distinta. No la hay.

En las ciudades es más sencillo conocer gente nueva porque vayas donde vayas hay caras que no has visto y tonalidades especiales que no volverás a ver. En las calles de este pueblo se aburren hasta los caracoles y tienes que ir al pueblo de al lado, que tiene un gimnasio naciente, para hacer algo distinto y conocer gente que no has visto antes.

Todo tiene su ritmo, su cadencia, su pulso; por lento que sea. Sólo hay que adaptarse. Y paso a paso, step by step, es como se recorren los caminos.

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