Sueños

Se abre el telón pero no se ve nada. Estoy en clase. Creo que estoy soñando, pero es raro. La vida académica debería haberme hecho escapar de toda pesadilla. No es así. Sigo dentro

(despierta)

del sueño. Tengo alterados los sentidos. Vivo dentro de un cubo del que no puedo salir. Estoy durmiendo conectado a una matriz. Paredes. Un realidad paralela me

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aprisiona. Cárceles de espacio, aéreas llaves, tralará. Voy a recitarte unos versos, grito en sueños. La que duerme a mi lado se despierta alterada, me mira y se ríe. Mejor no, dice. Lo murmura suave, bajito, en susurros, y se vuelve a perder

(despierta)

lejos de mi mundo. Yo sólo vivo en mi mundo. No hay nada alrededor. Yo. Yo soy. Miro a través de la ventana y brilla un sol plenamente luminoso. El hermano de mi ex-mujer me pregunta qué veo. Me da empujones al ver que no contesto. Déjame. Déjame. Luz. ¿Qué ves? Luz. ¿Qué ves? Déjame. ¡Luz, coño, luz! Te estás volviendo

(despierta)

loco. Eso lo ha gritado alguien a quien no puedo ver. Loco, dice. Ido. Puede ser. Pero no quiero que el sol más allá de una ventana cerrada lo sepa y en lugar de una locura grito perdido en mi sueño que no sé de qué me habla. Que todo va bien. La que duerme a mi lado

(despierta)

abre los ojos. Otra vez. Es noche cerrada y me pregunta qué veo. ¡Luz, joder, luz! ¿Es que no lo ves? Me suelta un sopapo y la escupo mientras resbala la sábana más allá de sus pechos hasta un coño de hielo. Pues levanta el puto

(despierta)

escudo, gilipollas. Ganas me dan de liarme a repartir guantazos en mitad de clase. Alguien se ha dejado un periódico tirado en el suelo y lo recojo mientras sigo soñando. Sé que sigo soñando. Le digo al periódico que el periódico es mi amigo pero no se lo cree ni él ni yo. Que me dejes. Usted también. Que te he leído cuatro minutos y me duelen los ojos. Tampoco nos lo creemos. Estoy conectado a

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una matriz. Hay diapositivas más allá del proyector de una profesora que no estaba aquí el año pasado. Me pregunta qué veo en la diapositiva y antes de apretar los dientes y llamarla puta me pregunto cómo puede saberlo ella. Los profesores lo sabemos todo, dice. Con certeza no leen mi mente. Nunca saben qué hay dentro. Pero no estás

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loco. La miro a ella, a la diapositiva y otra vez a ella. ¿Tú también, profe? ¿Tú también? Ella también. Tú tampoco ves la luz. La que duerme a mi lado, que es rubia pero no es ella, me suelta otro sopapo. ¿Quieres follarme de una jodida vez y olvidarte de la puta luz? Si encontrara

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el interruptor que me desconectara de esta matriz quizá pudiera. En mi sueño el proyector se vuelca sobre mí, me deslumbra, me hiere. ¿Quieres luz? Toma luz. Pero no. Pero tú. Pero qué. No entiendo ese foco si no soy famoso. Y tengo que estar despierto. Estoy en clase. Pero no lo estoy. Están aquí. Y mi sombra se ha cansado de correr tras mis propios pasos. El miedo, dice la que

(despierta)

duerme a mi lado, te hace ser listo. Pero estás sangrando. No sangres. No sangres. Eres tonto. Miro por la ventana. Nadie sabe lo que veo a través de ella. No saben si sonrío o si lloro. Claro que lloras. Ayer. Voy a… grito con plena voz. Y luego voy a… espeto. Pero no sucede nada. La que duerme a mi lado se gira y me besa hasta ponérmela dura y luego me suelta. Me has hecho daño, le digo para que vuelva. Pero no se lo cree. Es que yo. Es que no. Es que así no. Así

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no. Así que tengo un plan. Pero sólo lo veo yo a través de la ventana. Van a dejarme en paz los cables conectados. Nunca pedí lo que me vino. Nunca lo quise. La rubia que duerme a mi lado se despierta pero no me mira. Agarra el mando a distancia. Un sonido. Otro. Aprieta. Imágenes. Está haciendo zapping. Me aburres, dice, cuando no me la clavas hasta el fondo. La oigo gemir. Eso es lo que quiere. Me niego a dar nada. Ya me han robado bastante. Así que voy a… Voy a… Ahora me tienen algo de miedo. Creen que se han pasado de la raya. Pobres. Dan un poco de pena. Juas. Y se suponía que era al revés. Idiotas. Se me está agotando

(despierta)

la paciencia. No leo nada ni dentro ni fuera. Me quito de encima los cables. Ya no les hago caso. Pero están atados con la fuerza de cabos. Firmemente asidos. Ni se te ocurra llorar. Me río. Me resbalan las desesperaciones de la que duerme a mi lado y hasta los golpes de mi exmujer. Eres tonto. Sangras. Ayer. Mira por la ventana, le susurro. ¿Qué ves? Que estoy soñando y la realidad está

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ahí fuera. Más allá de la matriz. Sal, dice. Usa la ventana. No. Mira el brillo. No. La luz te llama. No. Todavía tengo algo que hacer aquí antes de irme. Una misión que cumplir. Se sienten culpables. He logrado hacerles sentir culpables. Me regocijo. Juegos desesperantes. Estúpidos enemigos con conciencias de cartón. Funcionó. ¿Qué ves? Lo veo todo. Y lo voy a recuperar. Antes

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de abrir los ojos.

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