Tú no me quieres de verdad

para taller escritura ciervo blanco

  • Pero si tú no me quieres, Pedro. Te gusta mi cuerpo y a ratos te lo pasas bien conmigo, pero ya está. No me quieres de verdad, soy sólo compañía. Pues que sepas que yo tampoco. Si tú no me quieres, yo tampoco a ti.
  • Pero cómo no te voy a querer, Carolina, por Dios. Cómo no te voy a querer.
  • Si has tenido sexo conmigo diez veces en lo que va de semana, cómo no me vas a querer. Eso es lo que quieres decir, ¿no?
  • No, hombre. Mujer. Carolina. Ya sabes que no soy de hablar, pero lo demuestro con creces. Con cosas. Hago cosas por ti que significan que te quiero, no hace falta decirlo.
  • Pues a mí me hace falta. Y sé que haces cosas por mí, lo sé, lo valoro. Pero el resto, el resto del tiempo, como si yo no existiera. Soy unas tetas y poco más. Una boca, una vagina. Pero casi no hablamos ya, casi no vamos a ninguna parte.
  • Vamos a muchos sitios, hombre. El otro día estuvimos cenando en el restaurante en el que…
  • Eso no cuenta, Pedro. Comer tenemos que comer igual, porque si no nos morimos, porque somos humanos. Y si nos pasamos la cena casi en silencio, pues tampoco cuenta. Al contrario, resta. Me demuestra que no me quieres de verdad, que sólo me usas de acompañante para no ir solo.
  • Bueno, ¿y qué quieres que haga?
  • Que me lo digas, que me lo demuestres, que seamos algo más que sexo, que tengas algún gesto por mí, algo significativo, que me recuerdes mucho que me quieres.
  • Ya.
  • ¿Qué? Te quedas callado, ¿en qué piensas?
  • No, en nada. Sigues yendo a trabajar andando por la calle de Santa Eulalia, ¿verdad?
  • Sí, claro, ¿por?
  • No, por nada. Por nada. Ojalá tuviera una forma de decirte te quiero todos los días.
  • Qué bonito, esto que acabas de decir.
  • ¿Ves? Me sale solo, cuando toca. En el fondo soy un artista.

 

 

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